Colega – Por María Celeste Tapia

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COLEGAS

Todavía a una semana de recibirnos suena raro el término “COLEGAS”, pero así me envió un correo mi Director de Carrera. Para mi sigue siendo mi profesor.

Yo empecé Marketing en el 2012, vine de Catamarca dejando una carrera que sabía no era lo que quería hacer para toda mi vida. Tomé la decisión más difícil y riesgosa de mi vida, en ese momento, por lo que implicaba. También porque hay un detalle, no menos importante, es que estaba a mediados de marzo. Es decir, las clases ya estaban en curso.

Empecé ese primer año difícil, eran todos cambios, vivía en una provincia donde conocía a muy pocas personas. Empecé tarde las clases y costaba integrarse a los grupos ya armados. Sin embargo tenía la convicción, que tuve hasta el último día que todo eso valía la pena.

Los miedos son los propios, los de no poder estudiar bien, desaprobar parciales vivir sin nuestros papas, es todo un cambio. Había que empezar a ser adulto.

Pasaban los meses y me sentía mejor, estaba familiarizada con lo académico, ya tenía compañeras de facu, que después se convirtieron en mis amigas incondicionales. O sea que podía decir estaba “instalada”.

Con las materias no había problemas al principio, después por supuesto requerían de más tiempo, dedicación, estudio. Unas no me gustaban, otras me costaban un poco más. Los profes como siempre, uno te llega más, te gustan como explica, alguno aburre, cuestiones típicas de la vida de estudiante, pero ninguna motivo para opacar los logros.

Llegó el “PRIMER SEMINARIO”, o sea el trabajo de Investigación de Mercado, lo hicimos en grupo, y no seguimos el consejo que todos nos dieron “no hagan grupo con quienes son sus amigas porque es para pelea”.

Elegimos al Director de Carrera, Victor Massola como nuestro tutor de este trabajo. Creíamos que realmente era lo mejor, porque iba a asesorarnos como necesitábamos; no miento si digo que fue lo que más nos costó hacer, por lo menos en mi caso. Fueron correcciones tras correcciones, no sabíamos si realmente corregíamos o empeorábamos la investigación. No entendíamos nada. Nos costaba, pasábamos horas leyendo, analizando, buscando artículos. Llegaba el día, presentábamos los avances y el profe miraba la hoja más insólita y encontraba un ERROR, de los graves. Cosa increíble, 2 veces nos había pasado que miraba justo la hoja en donde encontraba algo.

Un día lo terminamos, claro. En el medio si, peleábamos, obvio. Pero hubo algo que aprendimos, las peleas eran de tesis, como amigas nunca podíamos reclamarnos nada. El día que rendimos ese seminario decidimos que no importaba cómo pero la TESIS FINAL iba a estar conformada por ese mismo grupo.

 

Llegar al final tuvo muchas etapas, estaban las etapas anímicas; esas que ante el primer bajón te hacen querer correr a tu casa; claramente no me libre de esa y corrí a los brazos de mis papás varios meses, hasta que me decidí a volver. Las académicas, que a veces cuando ajustan los tiempos se siente que no se puede más, que la cabeza no da para ninguna cosa por más pequeña que sea. Las de las enfermedades, otra a la que tampoco le esquivé, tengo unos riñones enfermos desde muy chica y ante las situaciones de estrés como empezar la tesis, se desataban y me hacían estar en reposo por más de 1 mes. Para eso necesitaba apoyo familiar, siempre lo necesitamos; académico también, el de las amistades. Y así, todas las situaciones que nos tocan vivir nos van poniendo en un lugar distinto siempre.

Hay momentos con más intensidad que otros, algunos buenos, otros malos, en ese caso lo más fácil es decir “CHAU”. NUNCA NADIE DE MI ENTORNO, ME DEJÓ DECIRLO. Cada vez que dije no puedo, no quiero, estoy cansada; alguien me habló y me dio razones para seguir.

Si, ahora llegamos a LA TESIS: nos llevó más de un año, tuvimos cambio de empresa, conseguimos otra y ahí empezamos a trabajar. Cuando llegamos a realizar el análisis en profundidad, entendimos porqué Victor, nos había corregido tantas cosas en el primer seminario. Nos daba vergüenza pensar en los errores que cometíamos en ese entonces. Y ahí dijimos que definitivamente él había sido nuestra mejor decisión en aquel trabajo. Lo que en ese tiempo costaba, después era algo que era imposible no verlo.

A esta etapa le dedicamos días enteros durante meses, no podía estar presente el cansancio. Ese mismo grupo que conformamos en el 2014 fue el que volvimos a conformar el 2015, como habíamos prometido. Ya la vida nos puso en situaciones diferentes, todas trabajábamos, y había que volver y seguir con tesis, no había viajes seguidos a casa, muy pocos fin de semanas libres, los viernes no eran de boliche sino de tesis, las juntadas no existían si no había de por medio 3 computadoras, música  y un mate. Al último se sentía como una carga demasiado pesada, también lo hablábamos y la frase más usada era “no está consumiendo la vida”.

Está de más decir que pasamos por frustraciones, llantos, días sin dormir, nervios, demasiadas risas. Yo pase de vivir sola en mi depto a compartirlo con “las chicas de tesis”, MI AMIGAS, obvio. Perdimos la cuenta de cuantos veces poníamos agua para el mate los últimos días. Los findes decidíamos ir, donde vive Coti, que lo único que recuerdo es a 1 hora de colectivo y llevábamos encima computadoras y anotaciones. Y si también, existieron miles de enojos, “consejos” en tonos altos de voz, reclamos entre nosotras mismas y hasta de mi parte le tocó a Victor, que otra vez lo habíamos elegido como tutor de esta TESIS. Sabíamos que era complicado, porque a veces teníamos momentos de amor/odio, pero una vez más no me arrepiento.

El último día: llegamos al aula a rendir, con amigos y familia de por medio. Además de nuestro Director de Carrera y la Rectora Académica.

Fue un día rarísimo, estábamos dejando un esfuerzo de más de un año, y no sabíamos que tanto valía la pena. Expusimos, esperamos a nuestro tribunal que diera la nota y ahí fuimos, esa es la primera imagen que me viene a la mente, 2 profesionales hablándoles a 3 alumnas, nos explicaron, nos dieron consejos, hablaron como no creí nunca que lo hagan. Y nosotras 3 al frente escuchando, era una charla con toda la devolución de una tesis, pero con una calidez humana increíble. Y si obvio, ninguna de las 3 recibidas pudo esconder las lágrimas.

Ahí es que entendí, que eso que decíamos que nos consumía la vida, lo único que hacía era prepararme para el día en el que más plena me sentí en mi vida. No me quitaba nada, me llenó de alegría y emoción para siempre.

Por eso esa frase “No dije que será fácil, pero valdrá la pena” es muy real.

NO fue fácil, para nada, pero vale todo lo que hice y lo que dejé para llegar a ese último momento en el que me uní en un abrazo con mis amigas de tesis y dijimos “nosotras íbamos a poder”.

Yo no sólo me recibí, me llevo 2 amigas incondicionales para toda la vida. El honor de que un profesor como Victor hoy me diga “colega” y de haber aprendido algo de lo que supo enseñarme. Y una familia que jamás me dejó sola en lo que decidí hacer.

El secreto creo fue siempre la convicción que tuve de que estaba haciendo lo correcto.

Y de más está decir que llevo y tengo amor por lo que decidí que sea mi profesión. Y un alma que desborda de alegría.

María Celeste Tapia

Victor Gabriel Massola

Director Carrera de Marketing Colegio Universitario IES Siglo 21